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martes, 10 de marzo de 2026

'Bidean (En el camino)'. Exposición de Natxo Arteta en Galería Orfila.

I’m still dreaming you / Todavía te sueño. 2025. Tríptico DM, ceras, lápiz de cera, lápiz de colores grafito HB/B, 81x78 cm

 

Coincidiendo con la celebración de la feria ARCO, en Madrid, Galería Orfila presenta una exposición del artista afincado en Estados Unidos, Natxo Arteta*, al que representa Concept Art Gallery, de Pittsburgh, su ciudad de adopción y residencia desde la infancia, y donde ha desarrollado gran parte de su carrera artística. Se trata, pues, de un artista internacional, más aún, políglota y cosmopolita, pues a su origen vasco, Natxo suma el hecho de haber nacido, en 1965, en Madrid (aquí se formó con pintores como Francisco Soto Mesa y su propia madre, Mercedes Corral-Arteta), tener fuertes lazos con Portugal, donde obtuvo la licenciatura en Estudios Artísticos en la Universidade Aberta de Lisboa y haber completado su formación en talleres artísticos en Roma y en el Museo Carnegie de Pittsburgh. Lo mismo ratifica su periplo expositivo, con individuales en esta última ciudad (Concept Art Gallery), Vitoria-Gasteiz, Berlín, Barcelona (tres muestras en Galería Maragall entre 2003 y 2007), Madrid…, además de participar en colectivas y ferias internacionales de arte: Portoarte, Oporto; Estampa, Madrid; Bac 07, Barcelona; ST-ART, Estrasburgo (Francia).

 

It doesn´t need to be perfect, it just needs to be / No necesita ser perfecto, solo necesita ser. Tríptico.2025.. Ceras, lápiz de cera, lápiz de colores, grafito sobre DM, 85x71 cm

 

BIDEAN (En el camino) en euskera, una de mis lenguas de comunicación, como explica en el texto de presentación, en el catálogo, y titula la exposición, alude a la preeminencia de la relación arte-vida, que le lleva a cuestionar su concepto de “profesión” como artista, considerándolo secundario a partir de esa ecuación: el permanente movimiento o deriva que ella implica y que resuelve, entre incertidumbres y turbulencias, en una incesante búsqueda. 

 

Hodeiak zeruan bizi dira II / Las nubes viven en el cielo II. 2009. Acrílico, papel japonés y tinta sobre lienzo, 90 x 116 cm

 

Por eso, el conjunto de las obras que ahora presenta -pinturas y alguna pieza escultórica, realizadas entre 2009 y 2025 -, ahonda, con este sentido “retrospectivo”, en el carácter nómada de su creación, unido a la importancia de la comunicación: ese factor “social” de la teoría del Constructivismo -lenguaje que constituye su principal ascendiente -, bien que atemperado de antiguos rigores normativos, para, gracias al protagonismo y emotividad del color en su obra, tratar de hallar una conexión o diálogo con el espectador; un “Universalismo Constructivo”, evocando a Torres-García, cuyo recuerdo de signos jeroglifos (comunicación plástica universal) también forma parte e integra la poliglosia de Natxo Arteta, en unión a esa emoción que corrige la regla y la regla que corrige la emoción, que amaba Georges Braque.

 

Ecos del Viento I. 2009. Acrílico, tinta, lápiz de color, grafito, madera, 70 x 40 cm

  

* Natxo Arteta. 'Bidean (En el camino)'. Galería Orfila, del 23 de febrero al 14 de marzo de 2026. https://galeriaorfila.com/natxo-arteta/ 

 

sábado, 16 de septiembre de 2023

EXPOSICIÓN 'SEIS PINTORES EN TORNO A LA ABSTRACCIÓN'

 

En cuanto al futuro, cuando nuestro trabajo sea aceptado por el público en general, surgirán nuevos artistas, que buscarán nuevas formas de arte, que negarán nuestro trabajo para poder expresarse libremente.

Adolph Gottlieb (1903-1974)

 

Con la exposición Seis pintores en torno a la abstracción*, Galería Orfila da comienzo a su actual temporada, colofón de la anterior y de la programación especial con que viene celebrando el Cincuenta Aniversario de su fundación. Una muestra colectiva que pone en diálogo, desde la contemporaneidad, distintas propuestas del lenguaje que selló en su día la conquista plena de la autonomía de la obra de arte y que hoy, una vez rotos los límites estilísticos y normativos que la definieron como tendencia, hibridándose con otras corrientes y expresiones plásticas consideradas, en su momento, incluso antagónicas, logra de este modo seguir siendo cifra genuina de la libertad creativa del artista.

 

Vicente Díez. S.T. Óleo sobre papel, 65 x 50 cm

Referencias a una pintura pura, no obstante, a sus orígenes en las vanguardias históricas, que encontramos en el quehacer de Vicente Díez (Madrid, 1952): el postcubismo, el tonalismo y su concatenación en la primera abstracción lírica, retornada después - al menos con tal denominación crítica- en la década de los años ochenta del pasado siglo, coincidiendo con el inicio de su andadura artística.

 

Lao Seré. S.T. Óleo sobre tela, 50 x 50 cm

Una tradición, en este caso la del Constructivismo, de que parte Lao Seré (Uruguay, 1961), vinculado por su ambiente familiar al Taller de Torres García  -con cuyo hijo Augusto estudió -, para evolucionar, tras instalarse en España, hacia una pintura ya bien diferenciada por sus jugosas texturas y cromatismos. 

 

 Adolfo Hernández Sánchez. ‘Las aguas esmaltadas II’. Serie VENECIA. Óleo sobre lienzo, 55 x 46 cm  

Como los más sobrios y austeros del paisajismo de Castilla y lugares como Venecia de Adolfo Hernández Sánchez (Salamanca, 1972), teniendo como referente la rigurosa metamorfosis cubista de esta tierra creada por Díaz-Caneja, armazón que transfigura en armonías tonales y atmósferas en que el modelo exterior desaparece a fin de convocar el genius loci, el espíritu sutil e huidizo del lugar.

 

Maribel Ruíz Figueras. ‘Sevilla tuvo que ser’. Acrílico y collage sobre lienzo, 80 x 80 cm

Lo vernáculo, o esa otra subjetividad colectiva, festiva y popular, se sustancia en la pintura colorista de Maribel Ruiz Figueras (Barcelona, 1942), maridada a la técnica del collage, mediante la que toma presencia y reivindica el ornamento -motivo abstracto primigenio, elemento no representativo por excelencia-,  rompiendo, así, la jerarquía entre alta y baja cultura.

 

 
Edgar Grau. S.T. Acrílico y esmalte sobre lienzo, 80 x 60 cm  

Cosmopolita es, por el contrario, el término que más se ajusta para calificar la adscripción pictórica de Edgar Grau (Buenos Aires, 1958), pintor y músico experimental y de jazz que, tras seguir estudios de Artes Plásticas en su ciudad natal y en la Universidad de la Sorbona de París, se instala en Madrid, desarrollando su obra bajo el ascendiente del expresionismo abstracto norteamericano y la pintura del campo de color.

 

María Jesús Rodríguez. ‘El reflejo’. Acrílico sobre lienzo, 24 x 18 cm

Influencia esta última que también recoge, abundando en otros aspectos de la abstracción pospictórica, como la nitidez del espacio y, en ocasiones, la reducción cromática del cuadro, María Jesús Rodríguez (Reutlinguen, Alemania, 1966), si bien dotando a sus colores ácidos y saturados, así como transparencias y veladuras, de una carga lírica que evoca emociones íntimas y delicadas o la fusión con la naturaleza.

 

* Seis pintores en torno a la abstracción. Exposición en Galería Orfila, del 6 al 26 de septiembre de 2023. https://galeriaorfila.com/2023/07/23/6-pintores-en-torno-a-la-abstraccion/

 

 



 


 

miércoles, 9 de septiembre de 2020

AMELIA SERRANO: UN PALIMPSESTO (DE)CONSTRUCTIVISTA.

 

                              Fig. 1: S.T. Técnica mixta y digital/lienzo, 70 x 50 cm

CIUDAD ANÁLOGA COMO SUMA DE MEMORIAS: CIUDAD COLLAGE.

 A lo largo del eje

Ascendente, descendente

La ciudad aérea, torres puente, rascacielos

Ocultando chimeneas, fábricas, trenes, humo

Gira vertiginosa, balanceándose

En retículas sin centro.

Suma ideas

Suma tiempos

Almacenados abajo

En la ciudad de las sombras

Tiempo inmóvil, tiempo neutro.

Espacio de tránsito

Donde se sumerge la melancolía

Ruinas, rampas, laberinto

Cárceles de escaleras sin fin

Puerta, boca, grieta, filtro…

Paso al último nivel

Desierto de soledades

La plaza vacía, el silencio.

Dos muros van a morir

Hasta las piedras sagradas

Del cromlech

Vacío eterno.

 

Este poema juvenil de Amelia Serrano, de los tiempos en que seguía los cursos de doctorado en Arquitectura, explica mucho de la sensibilidad estética que la llevó, años más tarde, a compatibilizar esta profesión con el oficio de la pintura. Entre imágenes futuristas, evocaciones metafísicas a lo De Chirico, la Historia, el pasado como una herencia quizá inefable, aparece en su visión de la ciudad como resultado o la suma arremolinada de una serie de estratos superpuestos; una arqueología aun así misteriosa, como todo aquello que tiene que ver con lo más hondo del ser humano, laberíntica a la manera de Piranesi, grabador, arquitecto y “anticuario”, con el que la obra de esta pintora tiene una especial relación. Y no sólo porque ésta se haga explícita en una de las pinturas que presenta ahora en su exposición en Galería Orfila (1), motivo de este artículo, en la que incorpora uno de sus planos de Il Campo Marzio dell’ Antica Roma (Fig. 1), sino, sobre todo, por la sombra alargada, imprescindible, que proyectan las Vedute de aquella ciudad, las Carceri d’invencione o los Grotteschi del maestro italiano en la historia de la arquitectura -y aún del arte -, casi hasta nuestros días, y bajo la que, asimismo, nuestra pintora se cobija.

                           Piranesi. Estampa de Il Campo Marzio.

Empecemos por citar, entre los recaudos de esa herencia, que nos aproximan a una mejor interpretación de estos trabajos de Amelia Serrano, el hecho de que Piranesi se le considere el inventor de la arquitectura pictórica -valga decir, una arquitectura sin otra intención que el mero plano o su sola recreación imaginaria -, que tanta influencia tuvo, durante el inmediato neoclasicismo, en arquitectos utópicos o proyectistas; pero más aún, que fuera el creador de la primera plasmación plástica de lo Sublime, a partir de su dominio del claroscuro y de los dramáticos contrastes con él conseguidos, técnica característica del Barroco, en cuya última época su obra se inscribe, bien que con su mezcla de fantasía y ese culto al pasado rescatado como ruina en medio de una siempre feraz Naturaleza, traspasara su tiempo y, a través de dicha categoría estética, su impronta llegará hasta el Romanticismo. Si a todo esto le añadimos que Piranesi fue el primero en utilizar el collage, algo en absoluto accidental en lo que viene a suponer su hibridación del documento arqueológico científico, su planimetría, con la fantasmagoría por él creada de la monumentalidad de la antigua Roma, ahí tenemos otro hilo conductor que nos lleva a las técnicas mixtas, siempre recurrentes en la obra de Amelia Serrano, cuya utilización de antiguos planos de arquitectura convive, anacrónicamente, con composiciones geométricas que beben de una tradición artística mucho más próxima, como es el Constructivismo. 

                           Fig. 2: S.T. Técnica mixta y digital sobre lienzo, 105 x 71 cm

Así, en otra de sus obras (Fig. 2), esta incorporación en absoluto caprichosa del collage se sirve de la planta, original de Juan de Herrera, del Monasterio de El Escorial, del siglo XVI, cuya retícula geométrica se basa en el cuadrado, para desarrollar a partir de ella el habitual sistema compositivo que la artista utiliza; esto es, según nos comenta, el rectángulo raíz de 2 que, aún originado en el cuadrado, tiene la propiedad de dar lugar a un rectángulo siempre semejante a sí mismo cuando se despliega en dos o cuando se dobla abriéndolo como un libro. En casi todos sus cuadros, el formato del lienzo es dicho rectángulo de proporción raíz de 2, con el que crea, como punto de partida, composiciones basadas en sus diferentes divisiones armónicas; un trabajo laborioso que, hasta llegar a ordenar el conjunto, implica complejos cálculos matemáticos en los que utiliza, frecuentemente, medios digitales.  

                               Fig. 3: S.T. Técnica mixta y digital/lienzo, 70 x 50 cm

El mismo método collagista aparece en otras obras en que parte de las plantas de edificios clásicos como el Partenón de Atenas (Fig.3), en que el rectángulo es de nuevo proyectado desde múltiples vectores para dar lugar así, podríamos decir que paradójicamente, a un modelo de composición precisamente anticlásico, al estar marcado por el uso de diagonales, arritmias y asimetrías; un tipo de composición recurrente en su obra que le confiere un carácter expresionista, más emparentado con el Constructivismo soviético (Ródchenko, Popova… ) o su traslación a la Bauhaus vía Moholy-Nagy, que su versión más armónica, estática y equilibrada propia del neoplasticismo holandés (Mondrian, Theo Van Doesbourg… ), así como de normativismos más recientes. 

Liubov Popova. Arquitectura pictórica. 1917. Óleo sobre lienzo, 80 x 98 cm. MoMA, Nueva York.


                    Amelia Serrano. S.T. Técnica mixta y digital/lienzo, 70 x 50 cm

Con todo, en la pintura de Amelia Serrano conviven esa geometría de carácter constructivo, que ordena y estructura la composición, sobre o debajo de muy distintas configuraciones pictóricas de carácter abstracto o informal; masas de fuerte tensión emotiva y cromática, a menudo de contrastados rojos y negros (recurso este del contraste de estos mismos colores, incrementado por el uso también de los fondos blancos, que comparte a su vez con los constructivistas rusos), que introducen el contrapunto de lo irracional, caótico o azaroso, evocando, a veces, a la propia Naturaleza -otra remembranza piranesiana, antes apuntada -, si bien ésta resulta frecuente y difícilmente identificable, tal es el caso de las fotografías aéreas del deshielo en los polos a causa del cambio climático, que manipula digitalmente con este objetivo (Fig. 4). El sentido abstracto e intención dramática de obras como esta quedan amortiguados, en una operación irónica, por la intervención pictórica en base a unos rectángulos de diferentes colores que dan lugar a una imagen como pixelada, artificial, de lo que, en realidad, allí está sucediendo; distancia fría que es idéntica a la que establecen los medios de comunicación o la de los mismos recursos de la era digital que hacen posible esas fotografías. Una distancia que, a su vez, toma la artista respecto a los lenguajes digitales, con los que se muestra en absoluto nada complaciente, sobre todo en lo se refiere a su autocelebración técnica y su deriva esteticista. Es por eso que en su obra, concebida al fin y al cabo para su contemplación viva y directa y no en una pantalla de ordenador, tales medios conviven con la pintura entendida estricto sensu: la cualidad y la vibración de los pigmentos, las texturas, la escala… todo aquello que otorga fisicidad a un cuadro y que es, justamente desde ese nivel, que lo hace capaz de interpelarnos.

                                             Fig. 4: S.T. Técnica mixta y digita sobre lienzo, 50x 70 cm

Sin embargo, todo es artificio y representación. Ciertamente lo es en el arte, pero también en la actual civilización digital con su capacidad de construir una metarrealidad que nos aleja del mundo natural; una impostura en cuanto hace del todo imposible incorporar nuestra misma y vívida experiencia. Todo, al fin es, como en el Barroco, juego y simulacro, lo cual nos conduce, como entonces, tanto a la melancolía como al escepticismo que caracterizaron aquella época de crisis, pero cuya espiritualidad, constituye, según Umberto Eco, “la primera clara manifestación de la cultura y la sensibilidad modernas” (2). Una mirada melancólica de la que hablaba también Walter Benjamin:

 … tan llena de tiempos, de memoria y pasados, y por ello también de destrucción, pero igualmente movida por una fuerza irracional de vida, de seguir mirando, actuando en el escenario presente (de la historia), de seguir-siendo.

El relato barroco de la Modernidad se escenifica desde el gesto de un rostro vuelto hacia atrás, como el de aquel ‘Angelus Novus’, de Paul Klee, convertido en alegoría de la historia en la ‘IX Tesis’ de Benjamin; una mirada que observa con pavor las catástrofes que se van acumulando al hilo de lo que se llama progreso -textualmente ‘For-schritt’, paso adelante -, pero que no deja por ello, desde ese ir hacia delante mirando el pasado, de sentir su presente, efímero e inconcluso, físico y vivo; sino al contrario, esa mirada que Benjamin define como dialéctica se vincula más intensamente -más trágicamente - a ese aquí y ahora desde el que se proyecta, desde el que se construye, por ello es revolucionaria, aunque sea desde ese paisaje de destrucción que deja el paso del tiempo, pero concreto en su cualidad física y material, es decir, escénica.  (3)

 La obra de Amelia Serrano, en su moderna contemporaneidad, viene a ser una escenificación de esa mirada, de modo que los testimonios de un pasado conviven en un palimpsesto -siempre desde un presente vivido, aun lleno de incertidumbres - en un estética, más que Constructivista, podríamos decir -acudiendo a Derrida y, una vez más, a una de las últimas y más exitosas tendencias en la arquitectura -, de “deconstrucción”, en la que los elementos caóticos o en aparente desorden son asumidos en cuanto tales, “representados” pese a su cariz incierto o perturbador.

 

(1) Exposición de Amelia Serrano. Galería Orfila, Madrid, 17 de agosto al 11 de septiembre de 2020. https://galeriaorfila.com/2020/08/07/amelia-serrano-2020/

 (2,3) Óscar Cornago, “Barroco y Modernidad: hacia una ética materialista de la representación (de uno mismo)”. AISTHESIS N0 50 (2011): pp. 110-126. Instituto de Estética. Pontificia Universidad Católica de Chile.

https://scielo.conicyt.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0718-71812011000200006


 

 

                               



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