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miércoles, 9 de septiembre de 2020

AMELIA SERRANO: UN PALIMPSESTO (DE)CONSTRUCTIVISTA.

 

                              Fig. 1: S.T. Técnica mixta y digital/lienzo, 70 x 50 cm

CIUDAD ANÁLOGA COMO SUMA DE MEMORIAS: CIUDAD COLLAGE.

 A lo largo del eje

Ascendente, descendente

La ciudad aérea, torres puente, rascacielos

Ocultando chimeneas, fábricas, trenes, humo

Gira vertiginosa, balanceándose

En retículas sin centro.

Suma ideas

Suma tiempos

Almacenados abajo

En la ciudad de las sombras

Tiempo inmóvil, tiempo neutro.

Espacio de tránsito

Donde se sumerge la melancolía

Ruinas, rampas, laberinto

Cárceles de escaleras sin fin

Puerta, boca, grieta, filtro…

Paso al último nivel

Desierto de soledades

La plaza vacía, el silencio.

Dos muros van a morir

Hasta las piedras sagradas

Del cromlech

Vacío eterno.

 

Este poema juvenil de Amelia Serrano, de los tiempos en que seguía los cursos de doctorado en Arquitectura, explica mucho de la sensibilidad estética que la llevó, años más tarde, a compatibilizar esta profesión con el oficio de la pintura. Entre imágenes futuristas, evocaciones metafísicas a lo De Chirico, la Historia, el pasado como una herencia quizá inefable, aparece en su visión de la ciudad como resultado o la suma arremolinada de una serie de estratos superpuestos; una arqueología aun así misteriosa, como todo aquello que tiene que ver con lo más hondo del ser humano, laberíntica a la manera de Piranesi, grabador, arquitecto y “anticuario”, con el que la obra de esta pintora tiene una especial relación. Y no sólo porque ésta se haga explícita en una de las pinturas que presenta ahora en su exposición en Galería Orfila (1), motivo de este artículo, en la que incorpora uno de sus planos de Il Campo Marzio dell’ Antica Roma (Fig. 1), sino, sobre todo, por la sombra alargada, imprescindible, que proyectan las Vedute de aquella ciudad, las Carceri d’invencione o los Grotteschi del maestro italiano en la historia de la arquitectura -y aún del arte -, casi hasta nuestros días, y bajo la que, asimismo, nuestra pintora se cobija.

                           Piranesi. Estampa de Il Campo Marzio.

Empecemos por citar, entre los recaudos de esa herencia, que nos aproximan a una mejor interpretación de estos trabajos de Amelia Serrano, el hecho de que Piranesi se le considere el inventor de la arquitectura pictórica -valga decir, una arquitectura sin otra intención que el mero plano o su sola recreación imaginaria -, que tanta influencia tuvo, durante el inmediato neoclasicismo, en arquitectos utópicos o proyectistas; pero más aún, que fuera el creador de la primera plasmación plástica de lo Sublime, a partir de su dominio del claroscuro y de los dramáticos contrastes con él conseguidos, técnica característica del Barroco, en cuya última época su obra se inscribe, bien que con su mezcla de fantasía y ese culto al pasado rescatado como ruina en medio de una siempre feraz Naturaleza, traspasara su tiempo y, a través de dicha categoría estética, su impronta llegará hasta el Romanticismo. Si a todo esto le añadimos que Piranesi fue el primero en utilizar el collage, algo en absoluto accidental en lo que viene a suponer su hibridación del documento arqueológico científico, su planimetría, con la fantasmagoría por él creada de la monumentalidad de la antigua Roma, ahí tenemos otro hilo conductor que nos lleva a las técnicas mixtas, siempre recurrentes en la obra de Amelia Serrano, cuya utilización de antiguos planos de arquitectura convive, anacrónicamente, con composiciones geométricas que beben de una tradición artística mucho más próxima, como es el Constructivismo. 

                           Fig. 2: S.T. Técnica mixta y digital sobre lienzo, 105 x 71 cm

Así, en otra de sus obras (Fig. 2), esta incorporación en absoluto caprichosa del collage se sirve de la planta, original de Juan de Herrera, del Monasterio de El Escorial, del siglo XVI, cuya retícula geométrica se basa en el cuadrado, para desarrollar a partir de ella el habitual sistema compositivo que la artista utiliza; esto es, según nos comenta, el rectángulo raíz de 2 que, aún originado en el cuadrado, tiene la propiedad de dar lugar a un rectángulo siempre semejante a sí mismo cuando se despliega en dos o cuando se dobla abriéndolo como un libro. En casi todos sus cuadros, el formato del lienzo es dicho rectángulo de proporción raíz de 2, con el que crea, como punto de partida, composiciones basadas en sus diferentes divisiones armónicas; un trabajo laborioso que, hasta llegar a ordenar el conjunto, implica complejos cálculos matemáticos en los que utiliza, frecuentemente, medios digitales.  

                               Fig. 3: S.T. Técnica mixta y digital/lienzo, 70 x 50 cm

El mismo método collagista aparece en otras obras en que parte de las plantas de edificios clásicos como el Partenón de Atenas (Fig.3), en que el rectángulo es de nuevo proyectado desde múltiples vectores para dar lugar así, podríamos decir que paradójicamente, a un modelo de composición precisamente anticlásico, al estar marcado por el uso de diagonales, arritmias y asimetrías; un tipo de composición recurrente en su obra que le confiere un carácter expresionista, más emparentado con el Constructivismo soviético (Ródchenko, Popova… ) o su traslación a la Bauhaus vía Moholy-Nagy, que su versión más armónica, estática y equilibrada propia del neoplasticismo holandés (Mondrian, Theo Van Doesbourg… ), así como de normativismos más recientes. 

Liubov Popova. Arquitectura pictórica. 1917. Óleo sobre lienzo, 80 x 98 cm. MoMA, Nueva York.


                    Amelia Serrano. S.T. Técnica mixta y digital/lienzo, 70 x 50 cm

Con todo, en la pintura de Amelia Serrano conviven esa geometría de carácter constructivo, que ordena y estructura la composición, sobre o debajo de muy distintas configuraciones pictóricas de carácter abstracto o informal; masas de fuerte tensión emotiva y cromática, a menudo de contrastados rojos y negros (recurso este del contraste de estos mismos colores, incrementado por el uso también de los fondos blancos, que comparte a su vez con los constructivistas rusos), que introducen el contrapunto de lo irracional, caótico o azaroso, evocando, a veces, a la propia Naturaleza -otra remembranza piranesiana, antes apuntada -, si bien ésta resulta frecuente y difícilmente identificable, tal es el caso de las fotografías aéreas del deshielo en los polos a causa del cambio climático, que manipula digitalmente con este objetivo (Fig. 4). El sentido abstracto e intención dramática de obras como esta quedan amortiguados, en una operación irónica, por la intervención pictórica en base a unos rectángulos de diferentes colores que dan lugar a una imagen como pixelada, artificial, de lo que, en realidad, allí está sucediendo; distancia fría que es idéntica a la que establecen los medios de comunicación o la de los mismos recursos de la era digital que hacen posible esas fotografías. Una distancia que, a su vez, toma la artista respecto a los lenguajes digitales, con los que se muestra en absoluto nada complaciente, sobre todo en lo se refiere a su autocelebración técnica y su deriva esteticista. Es por eso que en su obra, concebida al fin y al cabo para su contemplación viva y directa y no en una pantalla de ordenador, tales medios conviven con la pintura entendida estricto sensu: la cualidad y la vibración de los pigmentos, las texturas, la escala… todo aquello que otorga fisicidad a un cuadro y que es, justamente desde ese nivel, que lo hace capaz de interpelarnos.

                                             Fig. 4: S.T. Técnica mixta y digita sobre lienzo, 50x 70 cm

Sin embargo, todo es artificio y representación. Ciertamente lo es en el arte, pero también en la actual civilización digital con su capacidad de construir una metarrealidad que nos aleja del mundo natural; una impostura en cuanto hace del todo imposible incorporar nuestra misma y vívida experiencia. Todo, al fin es, como en el Barroco, juego y simulacro, lo cual nos conduce, como entonces, tanto a la melancolía como al escepticismo que caracterizaron aquella época de crisis, pero cuya espiritualidad, constituye, según Umberto Eco, “la primera clara manifestación de la cultura y la sensibilidad modernas” (2). Una mirada melancólica de la que hablaba también Walter Benjamin:

 … tan llena de tiempos, de memoria y pasados, y por ello también de destrucción, pero igualmente movida por una fuerza irracional de vida, de seguir mirando, actuando en el escenario presente (de la historia), de seguir-siendo.

El relato barroco de la Modernidad se escenifica desde el gesto de un rostro vuelto hacia atrás, como el de aquel ‘Angelus Novus’, de Paul Klee, convertido en alegoría de la historia en la ‘IX Tesis’ de Benjamin; una mirada que observa con pavor las catástrofes que se van acumulando al hilo de lo que se llama progreso -textualmente ‘For-schritt’, paso adelante -, pero que no deja por ello, desde ese ir hacia delante mirando el pasado, de sentir su presente, efímero e inconcluso, físico y vivo; sino al contrario, esa mirada que Benjamin define como dialéctica se vincula más intensamente -más trágicamente - a ese aquí y ahora desde el que se proyecta, desde el que se construye, por ello es revolucionaria, aunque sea desde ese paisaje de destrucción que deja el paso del tiempo, pero concreto en su cualidad física y material, es decir, escénica.  (3)

 La obra de Amelia Serrano, en su moderna contemporaneidad, viene a ser una escenificación de esa mirada, de modo que los testimonios de un pasado conviven en un palimpsesto -siempre desde un presente vivido, aun lleno de incertidumbres - en un estética, más que Constructivista, podríamos decir -acudiendo a Derrida y, una vez más, a una de las últimas y más exitosas tendencias en la arquitectura -, de “deconstrucción”, en la que los elementos caóticos o en aparente desorden son asumidos en cuanto tales, “representados” pese a su cariz incierto o perturbador.

 

(1) Exposición de Amelia Serrano. Galería Orfila, Madrid, 17 de agosto al 11 de septiembre de 2020. https://galeriaorfila.com/2020/08/07/amelia-serrano-2020/

 (2,3) Óscar Cornago, “Barroco y Modernidad: hacia una ética materialista de la representación (de uno mismo)”. AISTHESIS N0 50 (2011): pp. 110-126. Instituto de Estética. Pontificia Universidad Católica de Chile.

https://scielo.conicyt.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0718-71812011000200006


 

 

                               



jueves, 2 de abril de 2020

MANUEL GRACIA, 'LOGOS'. DEL FLUIDO DIÁLOGO ENTRE EL AZAR Y LA RAZÓN.


Manuel Gracia en su serie pictórica “Logos”, que expone en Galería Orfila (1), propone una nueva abstracción que aspira subsumir las antinomias del informalismo y su contraparte, los planteamientos constructivistas. Un diálogo que, desde el señalado globalismo del arte contemporáneo, cabe desentrañar en su caso -aun sin pretender agotar el tema -, a partir de la mirada de Occidente a la pintura y cultura orientales.

 
         Manuel Gracia. 'Logos 162'. Lacas y óleo/MDF, 160 x 160 cm


Así, el jaspeado o marmoleado, practicado en Japón desde el siglo XII con el nombre de “suminagashi” (literalmente, "tinta negra que flota"), técnica de aguada enriquecida después con gran variedad de colores por artistas como Ogata Korin (1657-1716), cuyas formas sinuosas llamaron la atención del Modernismo, o Suzuki Harunobu (1724-1770) (aunque, ya a partir del siglo XV, su versión turca a base de tintas más espesas llamada “Ebru” se extendería por Europa aplicado al arte de la encuadernación, principalmente en las hojas de guarda), es adaptado por Manuel Gracia a la pintura al óleo, partiendo de idénticos principios con que aquella antigua técnica fue concebida.

                            Ogata Korin 

                               Suzuki Harunobu. 'El gran simio'

El aspecto azaroso que resulta del vertido y movimiento de los pigmentos sobre la superficie del cuadro, su mezcolanza y fluidez características, remite a esa espontaneidad controlada, la importancia puesta no tanto en el resultado como en el proceso, propia del ascendiente del Zen en el arte de Extremo Oriente; una influencia que se deja sentir primeramente en el expresionismo abstracto a través de la valoración del gesto. Otro tipo de belleza atenta a los procesos de la naturaleza, incorporando incluso lo feo e informe, lo provisional y efímero, la vulnerabilidad y desgaste de los materiales infringido por el paso del tiempo -en el caso concreto del “wabu sabi”-, se desprende de la estética Zen en su énfasis en una actitud receptiva hacia lo dinámico en la ejecución de la obra, dando lugar a un estado de alteración o ampliación de la conciencia. El vacío, tan importante en el pensamiento Zen, se concibe como el espacio no conocido, sólo captable subjetivamente en el devenir, según su concepción unitaria de tiempo=espacio. Una idea que incorpora a la vanguardia en Occidente John Cage (1912-1992), tanto a través del silencio en sus composiciones musicales como, al servirse del humo en sus obras plásticas, de la aleatoriedad que lleva implícita la noción de cambio -en la que parte de sus conocimientos de micología -, haciendo suyo el precepto Zen en el arte de operar igual que la naturaleza y, consiguientemente, aceptando el elemento “azar” cualesquiera sean los resultados.

        Manuel Gracia, 'Logos 166'. Lacas y óleo/MDF 160 x 160 cm

         Hokusai. 'La gran ola de Kanagawa' (1830-1833)

Esta aparente dejación del ego supone, por el contrario, una afirmación del artista frente a toda tradición preexistente, como sucedió en la pintura china a partir del pintor paisajista y calígrafo Shitao (1632-1707), quien, inspirándose en el Tao, el Zen y el I-Ching o “Libro de las Mutaciones”, escribe un tratado sobre pintura en el que la idea del trazo como “soplo”, que él llama “pincelada única”, supone el desprendimiento del Yin-Yan como primera afirmación del ser y la imagen, el resultado del Vacío original. Para ello, el artista tiene que liberarse de cualquier método o escuela del pasado, confiando solamente en su espontaneidad e intuición. Este vacío en la pintura de paisaje china y japonesa se expresa como espacio mediante la técnica “On-ne” (“nubes y humo”); discontinuidades de zonas en blanco que suponen una abstracción extática del tiempo vía esas representaciones atmosféricas. De manera similar, la línea, desde las primeras vanguardias constructivistas, buscó liberarse de su tradicional papel figurativo (la línea como contorno de figuras y configuraciones espaciales), para pasar a ser una abstracción espacio-temporal, tanto mejor cuanto más ausente estuviese de ella la mano del autor, como en el caso de las finas y esquemáticas diagramaciones a base de escuadra y compás que Manuel Gracia superpone a aquellas otras ebulliciones orgánicas o matéricas, y a cuya sensación de tiempo congelado en el espacio contribuye la exótica delicadeza del lacado. Como afirmaba la artista rusa Liubov Popova (1889-1924): “La línea, entendida como color y como vestigio de un plano transversal, dirige y participa en las fuerzas de la construcción (...). La textura es el contenido de las superficies pictóricas.” (2)

       Manuel Gracia. 'Logos 184', lacas y oleo/MDF 60 x 170 cm

                                       Shitao. 'Pabellón cerca de una vertiente'

(1) Manuel Gracia, “Logos”. Galería Orfila, 20 de febrero a 2 de marzo de 2017.


(2) Benjamin H.D. Buchloh. Formalismo e historicidad. Modelos y métodos del arte del siglo XX. Madrid, Akal, 2004, p. 236.


'EL HILO DE ARIADNA'. EXPOSICIÓN DE SOCO VARA DE REY EN GALERÍA ORFILA.

Abstracto XVI. Acrílico y óleo sobre lienzo, 100 x 80 cm   Convergen, en la pintura de Soco Vara de Rey , la sugestión y visión subjetiva...